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      “La  Humanidad  tiene  razones  que  la  Razón  del  Hombre  ignora”    

Notas

Cerebro

Identifican científicos de EU la zona cerebral que regula la conducta social.
Autor: Gilberto Rendón e información de BBC
Fuente: México, DF., México. La Crónica de hoy. Sección Ciencias. Martes 12 de julio de 2005.


Un equipo de investigadores identificó qué es lo que sucede en el cerebro de la gente que actúa de forma "excesivamente sociable", trabajo que podría usarse para desarrollar terapias contra el autismo.
Antonio Torres Ruiz, especialista del Instituto Nacional de Neurología y Neurociencias, de la Secretaría de Salud, afirma que el descubrimiento no sólo podría ayudar a crear procedimientos o tratamientos psicoterapéuticos o farmacológicos, para enfermedades genéticas como el autismo, sino también para aquellas que generan trastornos en la capacidad intelectual del ser humano, como la depresión.
El estudio realizado por el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos, analizó las diferencias que se encuentran en el cerebro de la gente que sufre un raro trastorno genético llamado síndrome de Williams, ocasionado por la ausencia de una porción de uno de los cromosomas 7, y que ocurre en 1 de cada 20 mil nacimientos.
Según los investigadores, esta es la primera vez que se logran identificar trastornos funcionales en una parte del cerebro asociada a la conducta social.
"Habría que confirmar los resultados con nuevos estudios, pero en algunas patologías, como el autismo, que es todo lo contrario a este síndrome, estas investigaciones podrían brindar una alternativa para terapéuticas futuras", afirmó Marina Gutiérrez, especialista en genética médica y asesora de la Asociación Argentina de Síndrome de Williams.
Además de ciertas discapacidades físicas, los pacientes con el síndrome de Williams "tienen una personalidad muy particular, son muy joviales, alegres y comunicativos" dice la doctora.
Pero esta conducta a menudo se acompaña de una excesiva ansiedad no relacionada a lo social, como miedo a las alturas o a los insectos.

El equipo estadounidense se concentró en la amígdala, una estructura de forma de almendra localizada en el fondo del cerebro, que se cree regula la conducta social.
La amígdala, refirió Torres Ruiz, es un área que se encuentra en la parte anatómica de los lóbulos temporales del cerebro y forma parte de los mismos.
Destacó que pese a necesitarse más investigación, pues hasta ahora sólo puede hablarse en el terreno especulativo, este trabajo da origen a nuevas hipótesis para generar tratamientos para padecimientos genéticos y del intelecto.
"Puede ayudar a crear procedimientos terapéuticos o farmacológicos que generen el mismo tipo de actividad que se descubrió en esa área, una vez que sea identificada y analizada en su totalidad, para poder sustentar investigaciones futuras.
Enfatizó que el descubrimiento llevará a crear nuevas formas de "tratar todo tipo de padecimientos que generen en alguna medida aislamiento, como el autismo, y otros ligados con trastornos en la capacidad intelectual, en la inteligencia, o de tipo afectivo como la depresión".
Utilizando un escáner de imágenes funcionales de resonancia magnética, el equipo estudió los cerebros de 13 voluntarios sanos y 13 que padecían el síndrome de Williams.
A todos les mostraron fotografías de rostros enojados o de espanto. En los cerebros sanos, ver esas imágenes, provocó una firme respuesta en la amígdala. Pero el escáner mostró mucho menos actividad en los cerebros de la gente con síndrome de Williams.
Posteriormente se mostró a los participantes imágenes de escenas amenazantes, como un accidente de aviación, pero en éstas no se veía gente ni rostros.
La respuesta de la amígdala fue anormalmente alta en los participantes con síndrome de Williams.
Los investigadores subrayan que la interacción social es básica para la experiencia humana y el bienestar del individuo, y las enfermedades psiquiátricas tienen un impacto negativo en éstas.
En 50 años podrán descargar la mente en una máquina
De acuerdo con el investigador Ian Person, tal como se hace con el contenido de la computadora, en el futuro se podrá tener una copia de seguridad de la existencia para ser implantada en otro organismo, o bien en el mismo cuerpo, conservado mediante criogénia (técnica que mantiene el cuerpo a baja temperatura a la espera de una cura a lo que causó la muerte).
Otra posibilidad es que las memorias sean implantadas en un cuerpo casi idéntico al del hombre, concebido mediante las técnicas de clonación que por estos días ya empiezan a perfeccionarse. De esta forma, no habrá más que reinsertar la mente grabada en un nuevo envase, esperar que la tecnología haga su trabajo, y reiniciar la vida.
Por extrañas que parezcan estas teorías, a través de una entrevista concedida al diario británico The Observer, el investigador Ian Pearson, de British Telecom, reafirma su verosimilitud.
"Si se trazan las líneas del tiempo, en términos realistas, es lógico pensar que en el 2050 se podrá descargar nuestra mente a una máquina, para que la muerte no represente un problema", afirma.

Si se tiene en cuenta que la velocidad con que progresa la tecnología no cesa de incrementarse, no es extraño pensar que los futuros adelantos irán aún más allá de nuestras expectativas. Incluso, se podrá llegar a considerar normal la afirmación de Pearson en relación a que los jóvenes de hoy en día "tal vez nunca tengan que morir". (Isabel Nanzi)
Investigan en la Ibero áreas cerebrales ligadas a la agresividad
La violencia, normalmente, es un fenómeno social. Sin embargo "tanto la agresión y la conducta violenta son producto de un organismo biológico que aprende a responder a lo que ocurre alrededor", sostuvo el doctor Oscar Galicia, especialista en neurociencia y académico del Departamento de Psicología de la Universidad Iberoamericana (UIA).
Un grupo de expertos del Laboratorio de Neurociencias de la Universidad Iberoamericana (UIA) Ciudad de México, desarrollan una investigación para determinar áreas cerebrales relacionadas con un tipo de conducta agresiva mediante registros de actividad eléctrica cerebral.
Según los especialistas la especie humana es capaz de expresar de forma muy variada la agresión. El cerebro permite idear formas para hacerlo. Los bajos niveles educativos, la pobreza y la exclusión son algunos de esos ambientes donde puede gestarse la agresión.
"Estamos trabajando en el penal de Tlacholaya, Estado de Morelos, con una serie de agresores que denominamos predatorios o reactivos. Los primeros son aquellos que planean el acto agresivo y buscan el mejor momento para agredir, como los homicidas o secuestradores; los segundos, son reactivos a la estimulación, esto es, si se enojan agreden, como puede ocurrir en un crimen pasional", explicó Galicia.
Agregó que con los registros de actividad eléctrica cerebral realizarán una especie de mapas de cómo se prendía y apagaba el cerebro mientras el sujeto tenía una emoción de ese tipo.
Estos trabajos son desarrollados por los doctores Oscar Galicia y Vladimir Orduña de la UIA y Feggy Ostrosky, de la UNAM.



 

 

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