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      “La  Humanidad  tiene  razones  que  la  Razón  del  Hombre  ignora”    

Notas
Humanidad
Un humanista del siglo XXI: Jean-Pierre Changeux

Autor: Antonio M. Battro. 
E-Mail: abattro@byd.com.ar
Fuente: Revista Criterio

Abril 1999
Revista Criterio ©

La verdad, el bien y la belleza relucen por sí mismas, en cualquier lugar y en todas las mentes. Cuando nos acercamos, además, a seres excepcionales que han alcanzado las cimas de la inteligencia y de la creatividad ya no nos queda la menor duda. Reconocemos inmediatamente en esa persona a un hermano mayor, más sabio y experimentado cuyas propuestas tienen, a veces, una audacia que nos supera y acaso perturbe. Felizmente la sociedad no persigue en estos días a sus científicos "heterodoxos" pero debemos admitir que no siempre se atreve a establecer con ellos un diálogo maduro. De eso se trata ahora. De aventurarnos por el camino que ha abierto Jean-Pierre Changeux hacia un nuevo humanismo.
No hay ciencia sin placer ni arte sin razón (1)
Changeux nació en 1936 en Domont, Francia. Fue un niño curioso de las maravillas de la naturaleza y un investigador precoz. Participó siendo muy joven en el descubrimiento fundamental de las proteínas alostéricas en las bacterias, que actúan como conmutadores químicos y aseguran la conexión entre una síntesis molecular con determinado significado funcional y la señal que regula esta función. Lo hizo junto a su maestro en el Instituto Pasteur, el profesor Jacques Monod, premio Nobel, otro gran humanista y biólogo de nuestro tiempo. De las bacterias pasó a la investigación del sistema nervioso. Logró analizar otra proteína alostérica, el receptor de acetilcolina en las membranas de las neuronas, un descubrimiento esencial para comprender el paso de un impulso nervioso a través de las sinapsis. A partir de allí emprendió una serie de experimentos sobre el desarrollo "epigenético" de los circuitos o redes neuronales. La epigénesis se opone al preformismo, es decir se ocupa de aquellas estructuras y funciones que no están precodificadas por los genes sino que dependen de la interacción del organismo con el medio ambiente por medio del ejercicio y del aprendizaje individual. La capacidad de hablar, por ejemplo, es propiedad exclusiva de la especie humana, pero los genes nunca especifican cuál será el idioma que aprenderá el niño durante su desarrollo. Tampoco el código genético determina la formación de nuevos circuitos para aprender otros idiomas. Esta expresión neuronal, en permanente reconstrucción y remodelación al nivel sináptico y molecular, es obra del entorno social, de la cultura. Es un proceso epigenético por excelencia. El problema, aún no dilucidado, es este traspaso de los códigos sociales a los códigos biológicos. Uno de los métodos más fecundos es "simular" con computadoras el comportamiento de redes de neuronas durante los procesos de aprendizaje. El estudio de las redes neurales se está expandiendo vertiginosamente y Changeux ha incursionado también con provecho en la dirección del "conexionismo neuronal" (2).
Esta apasionante aventura intelectual que vivió con intensidad en el laboratorio y en sus clases del Collège de France lo llevó a publicar un libro, que tuvo un enorme éxito mundial El hombre neuronal (3). En él se planteó la pregunta insoslayable: ¿cómo puede convertirse el hombre neuronal en un sujeto moral, en un agente responsable y libre? Esta preocupación se convirtió en un eje central de su vida y lo llevó a ocupar el cargo de presidente del Comité de Etica del gobierno de Francia. Paralelamente a esta actividad como ciudadano - científico, se ha dedicado a cultivar las artes plásticas, hasta el punto de convertirse en una autoridad en materia de pintura de los siglos XVII y XVIII, en un coleccionista reconocido y en un curador de exposiciones que tuvieron el reconocimiento del público europeo (4). Con este bagaje intelectual y esta trayectoria excepcional Changeux ha logrado discernir con gran lucidez dónde se librará el próximo gran debate del humanismo. Tendrá lugar - dice - en el campo de las ciencias neuro-cognitivas. Avancemos pues en este diálogo con honestidad y coraje como personas deseosas de aprender.
Un planteo frontal
Podemos ahorrar los prolegómenos: en su diálogo reciente con el filósofo Paul Ricoeur La naturaleza y la regla: lo que nos hace pensar (4) Changeux plantea desde el comienzo su confrontación con el pensamiento religioso: "desde la muerte del vitalismo y con los avances de la biología molecular, el cerebro queda como el lugar privilegiado de los conflictos, muchas veces ocultos, entre la Ciencia y la Fé. Es importante estar atentos" (1, p.190). Esta última recomendación es oportuna. Pocos son, en efecto, los creyentes que han tomado conciencia de la revolución que se avecina en ese campo. Los actuales debates genéticos y ecológicos han ocupado gran parte del escenario, ocultando otros igualmente importantes. Pienso sinceramente que no estamos debidamente preparados para afrontar el problema. Los planteos actuales sobre la mente y el cerebro, podemos afirmar, no tienen antecedentes en la historia del pensamiento occidental u oriental. Como dice Paul Ricoeur: se ha abusado y simplificado al extremo la oposición entre el dualismo espiritualista y el monismo materialista (4, p. 24). Debemos cambiar sin más los odres viejos para gustar de este nuevo vino que están cosechando las neurociencias cognitivas.
Un trípode para un nuevo humanismo
Changeux basa su humanismo en tres pilares científicos, la biología molecular que explica en términos fisicoquímicos las funciones biológicas, las neurociencias cognitivas y los modelos formales de la conducta y del pensamiento. Ricoeur, un humanista cristiano, por su parte, lo hace sobre tres pilares filosóficos, la fenomenología de la intencionalidad, la filosofía de la reflexión y la hermenéutica. La confrontación entre los dos sistemas de pensar es reveladora de un nuevo acuerdo que ya está instalado y merecerá toda nuestra atención. Ambos sistemas rechazan un "dualismo sustancial" (cartesiano) del alma y del cuerpo y Ricoeur propone, como alternativa, un "dualismo semántico", a saber, dos discursos, uno para el cuerpo objetivo y otro para el cuerpo propio, vivido. Para Changeux, sin embargo, esto servirá sólo como punto de partida pues "el mismo hombre es 'mental' y 'corporal' a la vez". Por esta razón, cuando profundicemos en el estudio aparecerán innumerables correlaciones y puntos de intersección entre los dos discursos (4, p. 39). Ambos autores convienen en descartar aquellas expresiones tan comunes entre los neuro-científicos que son una suerte de "amalgama semántico", cuando dicen "el cerebro piensa", "el cerebro decide", etc. Lo que ya es un paso importante y excluye de entrada todo reduccionismo psico-físico al estilo de los "neurofilósofos", como los esposos Patricia y Paul Churchland, que sin más "identifican" la mente con el cerebro (5).
Changeux se aventura a indagar como científico muchos temas que eran hasta hace poco tiempo dominio de la filosofía del conocimiento. Lo hace, por ejemplo, en la siguiente definición : "un 'objeto mental' es un estado físico del cerebro, que mobiliza a neuronas reclutadas de diferentes áreas o dominios definidos (paralelismo) que pertenecen a uno o varios niveles de organización definidos (jerarquía) y se interconectan de manera recíproca o re-entrante" (4, 111). No hay nada inmaterial ni trascendental en este objeto mental. Es el producto funcional del cerebro. Esta es la posición de la mayor parte de los neuropsicólogos actuales y yo la comparto. El debate actual, en efecto, se restringe al estudio del cerebro/mente, a la investigación de un órgano cuya función supera la misma complejidad del universo, ya que es capaz - nada menos - ¡que de comprenderlo! Emily Dickinson, hace más de un siglo, lo expresó de forma incomparable (6):
The Brain - is wider than the Sky -
For - put them side by side -
The one the other will contain
With ease - and You- beside
"Explicar para comprender mejor" (4, p. 91)
Changeux intenta demostrar a Ricoeur - sin mucho éxito, en verdad - que las neurociencias cognitivas pueden enriquecer un pensamiento filosófico sobre el pensamiento, aportando interpretaciones originales y sustanciales, incluso en el meollo más íntimo de la vivencia personal, en la indagación de la intencionalidad y del significado de nuestras acciones. Por ejemplo, en la vida cotidiana yo puedo inferir que la otra persona comprendió mi mensaje porque me ha respondido de determinada manera. Pero en algunos laboratorios se hace algo más. En las notables investigaciones que conduce Jacques Mehler en París, se ha descubierto que no hace falta que mi interlocutor me responda, puedo afirmar que me ha comprendido porque puedo observar "desde afuera" el funcionamiento de su cerebro durante ese acto "íntimo" de comprensión. Lo hago gracias a las nuevas técnicas de imágenes por resonancia magnética funcional FMRI o por emisión de positrones PET. Distintas zonas de la corteza se activan específicamente según el "significado" del mensaje. Si el sujeto del experimento oye la palabra pero no entiende su significado porque no comprende la lengua, por ejemplo, se activa sólo una zona restringida del cortex temporal de ambos hemisferios cerebrales. Pero si comprende la lengua del relato la imagen cerebral varía dramáticamente mientras lo escucha: aumenta la zona de activación del cortex temporal en ambos hemisferios y se incorporan además algunas zonas del lóbulo frontal izquierdo. De esta forma, mirando simplemente las imágenes PET del cerebro un observador imparcial puede afirmar que el individuo ha comprendido (o no) el lenguaje de una narración (4, fig. 14 ). A diferencia de lo que antes creíamos, es ahora posible, en cierto sentido, "entrar en la mente" de otra persona de manera objetiva. Antes nos reducíamos a medir la información que entraba y la que salía del sistema nervioso central, pero el proceso interno nos resultaba inaccesible, ahora podemos entrever la dinámica anatómica y funcional que sustenta determinadas conductas humanas. Se comienza así, lentamente, a descorrer un gran velo de ignorancia. Nadie sabe hasta dónde podremos llegar.
¿Será posible algún día identificar en el cortex cerebral cada uno de los significados que diferentes personas pueden atribuir a una palabra o a un concepto en diferentes contextos? La respuesta, me parece, es que no podemos excluir esta posibilidad aunque no contemos hoy con los medios tecnológicos para lograrlo. El mensaje del nuevo humanismo que propone Changeux a lo largo de toda su obra es muy claro: "hay mucho de desconocido pero nada de incognoscible en todo esto" (4, p. 30). En el cerebro, estamos convencidos, se juega el destino del individuo, su privacidad, su dignidad. Lo sufrimos cuando el cerebro se deteriora en el accidente vascular y en el mal de Alzheimer, lo celebramos en el niño cuando madura y se escolariza.
El espíritu y la materia
Estamos pues abriendo la "caja negra" del cerebro humano. ¿Pero, no será acaso otra caja de Pandora? Para asumir nuestras nuevas responsabilidades éticas ante este gran salto científico deberíamos tal vez hacer algunas tareas de "aprestamiento". En primer lugar analizar mejor los conceptos de mente y espíritu. Me atrevería a afirmar que las nuevas ciencias del cerebro/mente, no tratan del alma, ni del espíritu, sino de la mente, entendida como una "mente orgánica", como una "mente cerebral", maravillosamente compleja y poderosa pero perecedera como todo lo corporal. Algunos han postulado una distinción filosófica: por una parte el "alma-mente", por otra el "alma-espíritu". Sólo esta última sería inmortal mientras que la primera tendría la vida limitada del cerebro. Pero versión no me parece aceptable y nos llevaría a abrir, además, un debate teológico, lo que no es mi intención. Por eso, personalmente, prefiero quitar toda connotación "anímica" a la mente y reservar el concepto de alma para significar el espíritu que Dios nos ha concedido a cada uno. Pero algo más desearía agregar como científico y creyente. Cuando el cristiano recita el Credo, no desarrolla una teoría del alma inmortal, no habla del alma sino de la vida. En esa oración reconoce el misterio cotidiano que articula ambas vidas, la perecedera y la perdurable, y se detiene ante el misterio trascendente que remite al abismo de la muerte y a la luz de la resurrección de la carne. El misterio nos será develado cuando conozcamos como somos conocidos. No antes.
Pero nadie puede escapar a la desbordante pasión de conocer que Dios ha puesto en el hombre. Y menos un humanista como Changeux. "¡Qué libertad, qué alegría la de poner navegar hacia lo desconocido, contra viento y marea, a pesar de los sistemas e ideologías reinantes!" (4, p. 91). Y en este navío de las neurociencias cognitivas, en el que con tanto entusiasmo muchos nos hemos embarcado, además de un "materialismo metódico" que podría incluso compartir como experimentador, Changeux carga también un contundente "materialismo integral", una "epistemología materialista en el sentido fuerte" (2, p. 460), que hace remontar a Demócrito y que me resulta imposible aceptar. En este planteo materialista explícito el espíritu no necesita ser eterno, basta que haya una presencia humana en la construcción de un mundo más sabio, justo, bello y solidario para las futuras generaciones. "La belleza de una cantata de Bach - dice Changeux- es suficiente para aportar consuelo, sin necesidad de asumir la carga de creer en la vida eterna o en la resurrección de la carne: un mensaje de la humanidad reconciliada es suficiente" (1, p. 327). Ricoeur llamaría "religioso" a este proyecto de salvar "el fondo de bondad" que existe en el hombre (4, p. 321). Pero no me parece que ello sea suficiente. Podemos aspirar a mucho más.
Referencias:
(1) Changeux, J-P. Raison et plaisir, Jacob, Paris, 1994. (trad. Razón y placer, Tusquets, Barcelona, 1997).
(2) Changeux, J-P & Connes, A. Matière à penser, Jacob, Paris, 1989 (trad. Materia de reflexión, Tusquets, Barcelona, 1993).
(3) Changeux J-P. L' homme neuronal, Paris, 1983. (trad. El hombre neuronal, Espasa-Calpe, Madrid, 1986).
(4) Changeux, J-P. & Ricoeur, P. La nature et la règle: Ce qui nous fait penser. Jacob, Paris, 1998.
(5) Churchland, Patricia S. Neurophilosophy: Toward a unified science of the mindbrain. MIT Press, Cambridge, 1986.
Churchland, Paul M. The engine of reason, the seat of the soul: A philosophical journey into the brain . MIT Press, Cambridge, 1995.
(6) El cerebro es más ancho que el cielo/si los pones lado a lado/con holgura uno al otro contendrá/y también a ti te incluirá.

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Junio 2000