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      “La  Humanidad  tiene  razones  que  la  Razón  del  Hombre  ignora”    

Notas

Neurociencia

Autor: Henry Alexander Andino Ruiz


Sueño nuclear en San Salvador


Sé que eran las 6:00 AM en San Salvador, las 5:00 AM en Washington y las 7:00 PM en Hanoi. En realidad, no importa. Hemos sido capaces de medir el tiempo pero no sabemos definirlo. Hoy, 13 de Febrero, es el día en que la humanidad ha adquirido plena conciencia del hecho de que todos los relojes fueron puestos marcha atrás, y de manera irreversible.

Desde el primer momento estoy aquí junto a mi familia. Es mejor no salir. No hubo tiempo para un resignado mensaje presidencial como el de las películas, donde se nos invita "a aceptar estos designios con valentía, entereza de espíritu y ante todo, humanidad". El caos impera en las calles, cada rostro que vemos no es más que un espejo que nos devuelve la imagen de nuestra propia angustia. Jamás vi una cosa semejante. Es cierto que solo tengo 31 años, pero en este país y en esta generación, eso es tiempo suficiente para tener mucho que contar. Crecí en una época de algidez social, los años 70. Mi generación "surfeó" en la cresta de la onda de Kondratief, que nos impelió a luchar por las mismas cosas que motivaron las luchas de nuestros abuelos. Crecimos pensando que la guerra es una cosa normal. Disparos por aquí, bombas por allá, aviones y helicópteros sobre nuestras cabezas, retenes de un bando u otro, ausencia de derechos y abuso de autoridad. La llegada de la paz, utopía febril que en este mundo solo puede definirse como ausencia de guerra, nos condenó a la violencia cotidiana. Ya no entre bandos con motivaciones políticas e intereses propios, sino con cada ciudadano como protagonista. Hogares desechos, padres y esposos abusivos, mujeres sin instintos maternos, hijos sin ningún respeto a sus padres. No se cuantas veces leí en los diarios sobre el niño que murió como resultado de una golpiza propinada por su propio padre o madre, de la pequeña abusada por quien debía protegerla, de la anciana asesinada por su hijo adicto o de la mujer que habiendo sido golpeada y vejada hasta el hartazgo, solo encontró la salida en matar a su esposo agresor ante la vista atónita de sus hijos.

Por otra parte, la búsqueda de la superación, de la realización y del éxito, conceptos por demás retorcidos y promovidos por sistemas esclavistas de consumo, solo atinaron a mantenernos abstraídos de la realidad, adormecidos en la ostentación o hipnotizados en la consecución de objetivos impuestos por la vanidad de una sociedad materialista y vacía. No importó atropellar a quien sea en el afán de progresar. Yo primero, yo segundo y yo después. Que mas da, el fin justifica los medios. Filosofías que solo degeneraron en el mas hostil de los ambientes laborales.

Y así llegaron a ser nuestros días. De la hostilidad, la agitación y la futilidad del trabajo a la violencia, la intransigencia y la revancha en el hogar. Todavía fuimos capaces de llamar a esto "Paz".

Por si esto fuera poco, debimos afrontar el ímpetu de la naturaleza. Las inundaciones provocadas por los huracanes, y la destrucción y muerte causadas por los terremotos del 10 de Octubre de 1986, del 13 de Enero y del 13 de Febrero de 2001.

Definitivamente, mi generación tiene mucho que contar. Pero no importa, ya pronto no habrá quien narre, escriba, escuche o lea.

Hoy cumplimos un aniversario más del último terremoto y lo recordamos con otro. El sismo ocasionado por la activación de la falla de San Andrés fue más devastador que todos los anteriores. Solo es cosa de tiempo para despejar la incógnita de la manera en que moriremos. Quizá por otra de las réplicas, o muy probablemente por el invierno nuclear que se avecina a toda velocidad. Acaso por el vandalismo infernal y la histeria generalizada que han llegado a niveles inimaginables.

Aun no entiendo a plenitud como ocurrió. Hay poca información internacional y no está disponible para todos. Al menos haber trabajado por casi 15 años en redes y comunicaciones me coloca en una situación privilegiada, si así puede llamarse al hecho de tener los ojos abiertos al conocimiento de la tragedia.

Parece que Internet respondió al propósito de su creación: Mantener las comunicaciones en caso de una catástrofe nuclear. Si bien es cierto que los mayores bancos de datos, centros de información, plataformas de comunicaciones y sitios publicados para el uso del usuario básico de Internet han quedado inutilizables, he podido encontrar respuesta de algunos servidores dedicados al rastreo de trafico, lo que ha permitido a quienes andan a la búsqueda de vida en la red, medir el alcance mas inmediato de la hecatombe.

Al parecer, la destrucción más súbita ocurrió en varios puntos de la Unión Americana, el Reino Unido, Rusia, Japón y Corea. Según datos en la red, hay muchos sobrevivientes en gigantescos refugios subterráneos a manera de ciudadelas, gente con habilidades, aptitudes y conocimientos especiales que secretamente fue llevada a estos lugares en forma gradual durante los últimos meses e incluso años. Otros tantos, aportaron su ADN para su conservación en laboratorios. Se tiene la esperanza que puedan sobrevivir ahí para preservar la humanidad durante todo el tiempo que dure el invierno radioactivo y aun después. Tampoco hay certeza de que se logre.

Mientras tanto, pude confirmar el tremendo terremoto subsiguiente en California, que provocó múltiples sismos en toda la falla hasta el cono sur. Nuestro país no fue la excepción. El movimiento de tierra destruyó o afectó la mayoría de las estructuras y muchos nacimientos de agua del lago de Ilopango subyacente en toda la capital afloraron en varios puntos. Las inundaciones causadas por el oleaje desproporcionado de las últimas horas, obedecen a los radicales cambios climáticos. La temperatura ha seguido bajando hasta registrar 3 grados centígrados en San Salvador y una mezcla de colores rojizos y oscuros se ha apoderado del cielo convirtiendo en noche el habitual sol de mediodía.

En algunos puntos del globo, los restos incandescentes de la lluvia posterior a las explosiones han provocado incendios de gran magnitud y la oscuridad que nos afecta es producto de las gigantescas nubes de polvo sobre los sitios de los estallidos. En poco tiempo, la fotosíntesis se verá interrumpida y el oxigeno se acabará. De hecho, el aire ya se está volviendo irrespirable. El invierno glaciar provocado por la baja de temperaturas al no haber luz solar, será seguido por un período de calentamiento global al desintegrarse las nubes de residuos y propagarse por toda la atmósfera, reteniendo el calor solar como lo hacen el anhídrido carbónico y otros gases de invernadero en la actualidad. Pronto toda forma de vida perecerá.

Parecía que habían quedado atrás los años de la guerra fría, cuando la paz (o ausencia de guerra) se basaba en la destrucción mutua asegurada. Luego vino el glasnot, la perestroika, la caída del muro de Berlín, etc. Los vientos de cambio traían rumores de libertad y bienestar para la familia humana. Pero la paz no es nuestra vocación, lo he comprobado. No está en nuestra naturaleza. Hemos preferido matarnos mutuamente…morir juntos a vivir juntos. Ahora pienso en la innumerable cantidad de vidas perdidas, y al final no me cuesta entenderlo. Solo hemos cambiado el método. Dejamos de morir o matar a cuentagotas y buscamos la vía rápida. Y sin embargo estoy seguro que en este lado del mundo, donde la muerte tardara un poco mas en llegar, es donde la agonía será más angustiosa. Al menos esa gente que perdió la vida de modo repentino fue encontrada por la muerte mientras estaban completamente vivos. Los que ahora conocemos nuestro fatídico final, ya estamos muertos. Una suerte de conciencia parecida a la de Edipo, cuya real tragedia le sobreviene cuando conoce su destino y sufre tratando de cambiarlo… en vano. Estamos experimentando con dolor, el frío que es el ensayo de la muerte.

Hay otra razón para entender la confusión y el desaliento de la gente a mí alrededor. Y es que algo más que bombas atómicas ha estallado. Las creencias, las tradiciones, la fe. Hoy todas ellas han colapsado. Acaso el mas fundamentalista y el mas retorcido fanático encontrará en lo ocurrido una forma de explicar el fin del mundo de los libros sagrados. Pero, ¿quien puede suponer que seres hechos "a la imagen y semejanza de Dios" serian tan autodestructivos? ¿Usaría Dios una forma tan indiscriminada para traer el fin del mundo? Peor aun, ¿emplearía Dios un método tan diabólico? ¿O le resultamos indiferentes? ¿Solo permite lo que nos pasa o lo tiene preestablecido en el destino? ¿Realmente existe? ¿Qué hay de quienes piensan que hay civilizaciones mas avanzadas en otros mundos? ¿Acaso no pudieron intervenir en nuestros asuntos? ¿Puede alguien creer que solo podían ayudarnos si nos uníamos y lográbamos la armonía? De realizarse esa utopía ¿quién los hubiera necesitado? ¿Qué hay de los ecuménicos, filósofos y alquimistas? ¿Dejó el universo de conspirar para que alcancemos nuestras metas? ¿Caducaron todas las leyendas personales y sueños?

Creo que esas interrogantes siempre estuvieron ahí, pero dadas las actuales circunstancias, nunca fueron las preguntas más imperantes ni las respuestas más inútiles. En eso me he convertido. En un insecto mas, minúsculo y miserable como Gregorio Samsa. En un híbrido extraño de Caín y Abel, victimario y victima. Porque aunque nunca he matado, si he dejado morir. Soy una especie de Neo despertando al mundo real donde nada existe. ¿De que sirven ahora la ropa de marca, el peso indicado, las abdominales perfectas o el cabello hermoso? ¿A alguien le interesa narrar o escuchar alardeos de triunfos sexuales? ¿Valen para algo mi casa, mi auto o mi cuenta bancaria? ¿A dónde fueron todos mis recuerdos y metas? ¿Tiene alguna relevancia mi inclinación política, nacionalidad o raza? ¿Sirve de algo mi prestancia o indiferencia a rezar u orar? ¿Importa mi status social, nivel académico o coeficiente intelectual? Todo se volvió humo. ¿O es que siempre fue humo y hasta ahora adquiero conciencia de ello? Hoy es el día cero. Nadie le debe a nadie, nadie le teme a nadie, nadie es más o menos que nadie. Solo la inminencia de la muerte pudo traer igualdad y justicia. Las estructuras de poder y orden se quebraron.

Y sin embargo, hoy soy menos que Sísifo, porque mañana no habrá roca que empujar. No hay porque seguirse esforzando tras el viento. No hay mas motivación para ir en pos de ese todo…que al final es nada. Y entonces caigo en la cuenta que siempre fue así. He estado encerrado en un lazo infinito, la vana rutina de la vida sin sentido. Es solo que desperté de la inconciencia de la futilidad infinita a la futilidad finita conciente. Al menos estoy completamente despierto antes de estar definitivamente dormido. Nada de lo que haga cambiará el resultado, pero al menos se cerrará el ciclo…