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      “La  Humanidad  tiene  razones  que  la  Razón  del  Hombre  ignora”    

NOTAS

Cerebro

Conducta y conciencia: cuerpo lúcido.

José Luis Díaz 

(http://omega.ilce.edu.mx:3000/sites/ciencia/volumen3/ciencia3/152/htm/elabaco.htm)

- 16.07.2001 - 


LA PECULIAR CONDUCTA DE LOS CONDUCTÓLOGOS

Las ciencias de la conducta distan de integrar una unidad conceptual ya que se han originado de muy diferentes aproximaciones y mantienen métodos y teorías no sólo distintos sino en muchos casos opuestos. Ciertamente cuesta trabajo creer que estos enfoques tengan el mismo objeto de estudio. Veamos.

El psicoanálisis se originó hace un siglo como un procedimiento clínico para entender y tratar las neurosis entendidas como enfermedades que se gestan por alteraciones en el desarrollo temprano del infante en referencia a su entorno familiar inmediato, en particular en su relación con los padres. Sigmund Freud (1856-1936) y los psicoanalistas intentaron reconstruir el desarrollo emocional del infante a partir de sus observaciones en adultos y, en general, asumieron que el comportamiento está determinado por las condiciones de ese desarrollo. Ahora bien, poco antes y sin tener nada que ver con el psicoanálisis, había nacido una disciplina conductual totalmente diferente. En su libro La expresión de las emociones en los animales y en el hombre Darwin postuló que la conducta se selecciona de la misma manera que las características físicas de los animales por su adaptación al medio ambiente. En los años treinta, tres investigadores destinados a obtener el premio Nobel en 1978, Konrad Lorenz, Carl von Firsh y Nikko Tinbergen, sentaron las bases de la etología sobre el darwinismo al realizar numerosas observaciones del comportamiento animal en el medio ambiente natural que sustentaban las ideas de las bases genéticas y motivacionales de los comportamientos biológicamente significativos.

Una tercera aproximación a la conducta se dio en un medio académico muy diferente de los dos anteriores, por psicólogos de laboratorio interesados en analizar el aprendizaje. Influidos por la filosofía positivista, por el fracaso del introspeccionismo inicial y por los extraordinarios descubrimientos del fisiólogo ruso Ivan P. Pavlov sobre los reflejos condicionados, estos investigadores utilizaron manipulaciones activas para estudiar el aprendizaje. Al someter a los animales a un estímulo controlado y al premiar o castigar la respuesta conductual, B. F. Skinner (1904-1992) y otros investigadores descubrieron que la conducta se puede condicionar y estudiar cuantitativamente. Para los entusiastas de esta aproximación, conocida como conductismo, el comportamiento resulta del condicionamiento de repetir las conductas que son reforzantes, es decir, que tienen consecuencias positivas o negativas para el organismo.

Otro grupo de estudiosos en Alemania, también interesados en el aprendizaje animal, hicieron experimentos muy distintos con primates, a quienes ponían problemas y observaban cómo los resolvían. Por ejemplo, colgaban un racimo de plátanos fuera de su alcance y les daban elementos para que solucionaran la situación, como cajas y varas. Observaron que una vez que el animal intentaba obtener el alimento sin éxito, se sentaba aparentemente ocioso un rato para repentinamente resolver el problema adecuadamente, por ejemplo apilando las cajas y descolgando el racimo. Esto convenció a Wolfgang Köhler (1887-1967) de que existen representaciones holísticas o unitarias del mundo en los animales. Su condiscípulo Kunt Koffka (1886-1941) después de una larga experiencia de investigación en operaciones cognitivas concluyó que la percepción se constituye como una totalidad organizada. Este énfasis en la totalidad o configuración global de la vida psíquica fue el distintivo de esta poderosa aproximación de la psicología: la escuela de la gestalt (totalidad en alemán).

También en la primera mitad del siglo se desarrollaba una escuela en Ginebra que se formó alrededor de otra gran figura de las ciencias de la conducta y de la epistemología: Jean Piaget (1896-1980). Formado como zoólogo —materia en la que había hecho varias publicaciones científicas antes de los 15 años de edad—, influido por las teorías de los estadios del desarrollo embrionario y dotado de un vasto bagaje teórico y filosófico, Piaget dedicó décadas de su vida a estudiar el desarrollo de las facultades intelectuales en los niños. Con ello no sólo hizo descubrimientos trascendentales sobre las etapas de ese desarrollo, sino que aportó datos empíricos para enriquecer la teoría del conocimiento y para sentar las bases de la psicología cognoscitiva.

Los psicoanalistas, los etólogos, los conductistas, los psicólogos de la gestalt y del desarrollo nacieron y crecieron no sólo con toda independencia, sino en muchas ocasiones con escarnio y desprecio mutuo, pero, con el tiempo, sus teorías empezaron a modificarse por la evolución misma de sus respectivas disciplinas. El psicoanálisis pronto empezó a dividirse en escuelas divergentes, como la de Jung o la de Adler, que fueron descalificadas por el propio Freud, pero que progresaron aisladamente. Poco después esta tendencia se incrementó al aparecer figuras como Melanie Klein en Inglaterra, las teorías del yo en EUA y Jaques Lacan con su grupo en Francia. Cada uno de ellos hizo una particular interpretación de Freud y se enemistó con los restantes. Por su parte, la etología clásica empezó a dividirse en grupos interesados por entender los determinantes cerebrales del comportamiento, la comunicación animal y la moderna sociobiología que pretende documentar la noción de que la conducta social tiene bases genéticas establecidas por mecanismos de selección natural y que ha desembocado en la psicología evolutiva contemporánea. Los conductistas medraron considerablemente con la tecnología del condicionamiento operante y se dedicaron a establecer múltiples paradigmas de estímulos y respuestas usualmente en ratas ubicadas en la caja de Skinner, un ingenioso aparato en donde es posible condicionarías a que aprieten una palanca para obtener comida ante estímulos previos o a evitar un choque eléctrico. A la larga la técnica dio de sí y empezaron a experimentar utilizando fármacos o haciendo intervenciones en el cerebro. Los teóricos de la gestalt emigraron a EUA durante la segunda Guerra Mundial y se diluyeron como grupo estableciendo cátedras y estilos de enfoque sistémico en la psicología. Quizás el de mayor infuencia fue Kurt Lewin (1890-1947), quien introdujo el análisis de los pequeños grupos humanos y la teoría de campo a la psicología.

 

Figura 18. Retrato de macaco macho adulto. ¿Qué se puede decir de sus procesos mentales? La respuesta varía según la doctrina.

A partir de los años sesenta y quizás como consecuencia del desgaste de cada una de las escuelas y de una nueva atmósfera en el ámbito de la psicología, aportada por la ciencia cognitiva, empezaron a derribarse algunas barreras. La etología y la psicología genética de Piaget fungieron como lugares de encuentro, ya que entre psicoanalistas y conductistas no podía haber terrenos comunes. Citaré algunos ejemplos.

Harry Harlow hizo experimentos precursores con primates infantes separados de sus madres, con lo cual se empezó a establecer la importancia específica de la relación madre-infante en el desarrollo, postulada por el psicoanálisis, mediante métodos observacionales y experimentales. Por su parte, el psicoanalista John Bowlby en Londres estudió directamente el vínculo de niños con sus madres y comprobó lo fundamental que es esta relación para la vida futura del infante. Poco después el psicólogo John García, en una serie de ingeniosos experimentos, descubre en medios naturales el condicionamiento de una sola experiencia: algunos animales carnívoros no vuelven a probar carne de una especie de presa si se les proporciona una muestra de esa carne inyectada con un vomitivo. Por su parte, los etólogos han aplicado el esquema piagetiano para analizar las etapas de maduración conductual en infantes primates. Estos son algunos ejemplos para ilustrar lo fructífero de las relaciones entre las escuelas de abordaje a la conducta y que prometen, en un futuro no muy lejano, vincularse en una teoría psicológica amplia y convergente.

LA GENETICA CONDUCTUAL DESEMBOCA EN... FREUD

En la película de John Landis De mendigo a millonario, dos magnates de Filadelfia llevan a cabo una apuesta mediante el experimento de intercambiar a un alto ejecutivo de su compañía, anglosajón y graduado en Harvard (Dan Aykroyd), por un pordiosero negro fichado por la policía (Eddie Murphy). En unas semanas, el negro realiza con éxito la labor empresarial y el blanco desciende en la escala social hasta hundirse