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      “La  Humanidad  tiene  razones  que  la  Razón  del  Hombre  ignora”    

NOTAS

Cerebro

Lavado de cerebro, desmantelamiento psíquico, indoctrinamiento.

- 08.11.2000 - 


Diversas voces describieron con estos términos la operatoria de los Niños de Dios. Pero la expresión “lavado de cerebro” no es nueva, por cierto: se usó para describir el modo de adoctrinamiento de grupos políticos y también fue utilizado para describir ciertas técnicas de guerra. Al aparecer relacionada con los Niños de Dios, la expresión volvió  por sus fueros y se multiplicó en los medios y el comentario popular.

¿Pero existe realmente el “lavado de cerebro”?. O mejor: ¿existe como cuadro psiquiátrico y neurológico o es simplemente una expresión general que designa una difusa situación de adoctrinamiento?.

“Claro que existe”, responde el doctor Juan E. Azcoaga, neurólogo especializado en neurolingüística y trastornos del aprendizaje. “El lavado de cerebro existe y se puede conseguir de distintas maneras: mediante alcaloides, mediante hipnosis o técnicas más sutiles de adoctrinamiento. En todos los casos, se produce una separación de la actividad nerviosa superior y una reorganización de la circulación de la información en el cerebro”.

Como ejemplo del “lavado de cerebro” mediante alcaloides, Azcoaga cita el caso de la burundanga en Colombia. Es un acto delictivo por el cual a un sujeto se le da el alcaloide (la burundanga) y entonces ese sujeto, durante unas cuantas horas, cumple fielmente todas las indicaciones que le da quien le suministró el alcaloide. Y además, da explicaciones coherentes de por qué hace estas cosas. Por ejemplo, va a su casa y saca todo el dinero. y si alguien le pregunta, dice que lo saca para depositarlo en un banco, y luego se lo entrega al suministrante de la droga. Estos alcaloides producen una modificación de la actividad nerviosa superior, que empieza a funcionar de una manera arbitraria, y se genera un estado similar al de la hipnosis: se altera el procesamiento de la información mientras dura la mezcla de alcaloides en el cuerpo. “ Se le podría decir de afuera: hoy usted se ha convertido en un caballo y usted no sólo lo hace, sino que encuentra justificativos para hacerlo”.

La hipnosis es un fenómeno parecido, explica Azcoaga. Puede inducirse con barbitúricos rápidos, como el pentotal, que opera una interrupción desde los centros subcorticales hasta la actividad nerviosa superior. Esta interrupción deja la actividad nerviosa superior del sujeto a merced de quien lo está “trabajando”.Una vez recibido el  pentotal, el sujeto es dócil y responde a todo lo que el interlocutor le pide.

La hipnosis sin barbitúricos produce los mismos efectos, pero mediante la manipulación y las sensaciones visuales: el sujeto queda en un estadio intermedio entre el sueño y la vigilia. “Hay múltiples formas -dice Azcoaga- aun formas de autohipnosis. Y aquí otra vez se produce una desconexión de la actividad nerviosa superior, que se reorganiza. Lo interesante es que esa reorganización queda y se puede desatar de nuevo con una o dos palabras. Con estos mecanismos se puede, por ejemplo, cambiar la identidad, inhibiendo focos cerebrales y haciéndolos desaparecer. Se puede cambiar la historia del individuo y hacerle recordar una historia completamente diferente”.

Azcoaga aclara que todas estas técnicas de hipnosis sin mediadores químicos no se pueden aplicar a la fuerza. El sujeto debe estar predispuesto de alguna manera. Y cuenta que hay ceremonias como algunas del culto Umbanda de Salvador (Bahía, Brasil) en las que la gente, a lo largo de la noche, va entrando en estados hipnoides. Pero todo el mundo está allí de forma consciente, buscando el trance.  

El lenguaje interno  

El “lavado de cerebro” que se practica en las sectas tiene puntos de contacto con los lavados de cerebro mediante alcaloides o hipnosis, pero sus efectos son más permanentes“. Un sujeto tiene un lenguaje interno -explica Azcoaga-. Ese lenguaje interno es información que circula por las neuronas en forma de ondas eléctricas y está estructurado de una manera propia de cada persona. Estas ondas que transportan el lenguaje interno circulan por todo el cerebro durante todo el tiempo, de día y de noche, no paran nunca. Y lo que logran estos trabajos que se atribuyen a las sectas es sustituir ese lenguaje interno por el lenguaje del operador. El sujeto sufre una reorganización de lo que llamamos sistema conceptual; reemplaza su sistema conceptual propio que todo el sistema de conceptualización que se le está inculcando desde afuera y termina interpretando todo en función de ese nuevo lenguaje; estructura una nueva organización de los significados que tendrá tanta armonía y equilibrio como la organización original. Y aunque no se puede ver en el electroencefalograma, porque solo da una representación indirecta, la información, los trenes de ondas que recorren el cerebro, lo hacen por trayectorias distintas”.

La pregunta entonces es si este tipo de modificaciones se pueden alcanzar de manera sistemática. Si puede haber intencionalidad para inducir cambios de este tipo. “Si que la hay -dice Azcoaga- No por casualidad utilizan recintos especiales, una liturgia especial, y sobre todo, el aislamiento. Basta tener a una persona en aislamiento y adoctrinarla adecuadamente y va a llegar un momento en que esa persona ya no va a tener ninguna posibilidad de reaccionar o defenderse”.

“Porque ocurre -agrega- que hay un límite para la actividad nerviosa superior. Es lo que nos pasa cuando estamos trabajando: llegado un cierto momento nos sentimos fatigados, paramos y seguimos al día siguiente. Cuando la actividad nerviosa superior alcanza ese límite, se pierde de a poco la posibilidad crítica. Por eso no hace falta en absoluto apelar al castigo: basta con trabajar sobre ese límite, utilizando una presión suficientemente grande y que cuatro veces por día vengan a hablar con el sujeto, hasta llegar al límite de la actividad nerviosa superior, cuando el sujeto ya no tiene defensa crítica. Y si se pudiera ver la circulación de la información en el cerebro, se notaría que esta circulación  es diferente a la que tenía antes, y que guarda semejanzas con los estados hipnoides. La cura de casos así demora meses”.

 

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Junio 2000